Posted by on 26 Nov, 2015 in cuerpo, organismo, salud | 0 comentarios

Hoy vamos a empezar hablando del doctor Ryke Geer Hamer. Tanto él como su esposa sufrieron de cáncer poco después de la muerte de su hijo de 19 años en un accidente de coche. Su esposa falleció, y el doctor Hamer desarrolló una interesante teoría sobre cómo un acontecimiento en nuestra vida puede generar un conflicto biológico que se manifiesta en transformaciones físicas en nuestro cerebro y nos lleva a un cambio que se puede medir en parámetros físico-nerviosos y al posible desarrollo de perturbaciones físicas en partes concretas del cuerpo, como puede ser un cáncer, úlceras o necrosis.

Después de estudiar a más de 31000 pacientes durante más de 20 años, el doctor Hamer llegó a la conclusión de que un conflicto biológico provoca alteraciones físicas (enfermedades), y que si la persona que lo sufre resuelve este conflicto, la enfermedad puede desaparecer y la persona sanarse. No se trata de curar los síntomas de la enfermedad sino el origen externo, el conflicto que ha originado susodicha enfermedad.

Y es que el doctor Hamer tuvo una alta cifra de éxito en su terapia contra el cáncer, una de las más altas conocidas hasta ahora (90% de supervivencia). En su teoría afirma que en el momento del conflicto o choque se produce un cortocircuito en un lugar predeterminado de nuestro cerebro. Esto se puede ver perfectamente en una tomografía. De la misma forma, cuando el conflicto está resuelto, se pueden ver los cambios en otra tomografía posterior.

Otro tema derivado de esta teoría es la terapia conocida como “Decodificación biológica de las enfermedades”, una alternativa que se va abriendo camino poco a poco hasta en las mentes de los más incrédulos y escépticos. Esta teoría sustenta que las enfermedades se originan en base a un conflicto biológico. Lo veremos mejor con un ejemplo.

Vamos por la calle y vemos como un hombre maltrata a su perro de forma cruel. Nuestro cuerpo reacciona, pero cada cuerpo lo hace de forma diferente. ¡Es horrible! ¡Impensable! ¡No está bien!, pensamos por dentro. Son nuestras emociones. Y si el conflicto no se soluciona, se convierte en una afectación física: “no lo puedo digerir” (afectará al estómago), “es sofocante” (pulmones), “me descoloca” (huesos), “es desagradable” (colon), “estoy colapsado/a” (riñón).

También se suele asociar las afectaciones al corazón con conflictos de pareja o perpetuos, en los intestinos por una ira no digerida, la piel por miedo a la pérdida de integridad. Todo está relacionado.

Otro ejemplo es el de que nuestros hijos tomen el relevo de nuestro propio negocio. Algo que a priori parece positivo, puede resultar fácilmente en un conflicto biológico: la pérdida del territorio. Entonces empezamos a desarrollar una enfermedad, que en este caso podría ser cardíaca perfectamente. Tratar el problema cardíaco desde el punto de vista de la resolución del conflicto -¡ya no necesito trabajar! o mi hijo sigue mi legado– puede mejorar nuestra salud. Sin pastillas ni recetas, empezando por uno mismo.

Un evento se convierte en un sentido y éste en una sensación. Entra a través de los sentidos y después busca una salida, que no siempre encuentra. Cuando esta sensación no puede ser expresada o no sale hacia fuera, pasa al inconsciente, a nuestra biología, a la mente, el cerebro, el cuerpo… nuestra energía.

Así llegamos a la conclusión de que los conflictos biológicos resultan en enfermedades. No hemos de guardar nuestras emociones, sino expresarlas. Porque si no las manifestamos nosotros mismos, nuestro propio cuerpo lo hará a través de afectaciones físicas. Podemos sanar nuestras enfermedades en base a la resolución de los conflictos y las emociones generadas por los mismos. Somos nuestra propia cura.